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El riesgo invisible: por qué el control del ruido sigue siendo un desafío laboral

Por Hugo Alberto Licera

El ruido es uno de los riesgos más críticos en el entorno industrial y, paradójicamente, uno de los que menos atención recibe. Según datos de la superintendencia de riesgos del trabajo, aunque se registró una reducción del 21% en las enfermedades profesionales asociadas a este agente, el ruido sigue liderando el ranking de casos notificados. En el primer semestre de 2025, se informaron más de 4.000 casos en el país, una cifra que evidencia que el problema persiste y que la prevención aún tiene un largo camino por recorrer.

Fallas críticas en la evaluación técnica

En la práctica, las debilidades más comunes no suelen estar en la falta de voluntad, sino en la metodología de medición. Es habitual detectar el uso de sonómetros que no integran el nivel sonoro continuo equivalente o la realización de dosimetrías que no cubren la jornada real del trabajador ni contemplan todas sus tareas habituales.

A esto se suma un factor técnico determinante: el uso de instrumentos que no cumplen con las normativas internacionales o que carecen de certificados de calibración actualizados. Estas deficiencias invalidan los resultados y dificultan el diseño de medidas correctivas que realmente protejan al personal.

La hipoacusia: un daño irreversible y progresivo

El ruido es un agente que actúa de manera silenciosa. Al no causar dolor inmediato ni dejar marcas externas, su daño se manifiesta de forma acumulativa. La hipoacusia laboral suele advertirse cuando la pérdida auditiva ya es permanente, lo que genera que muchos trabajadores se «acostumbren» al entorno ruidoso, subestimando el peligro.

Sin embargo, el impacto trasciende lo físico. Una audición disminuida:

  • En lo laboral: incrementa el riesgo de accidentes al dificultar la comunicación de señales de alerta y reduce la capacidad de concentración.
  • En lo personal: puede derivar en fatiga crónica, irritabilidad, aislamiento social y un deterioro progresivo de la calidad de vida.
Hacia un programa de conservación de la audición (PCA)

Para enfrentar este escenario, es fundamental pasar de la medición aislada a un enfoque sistémico a través de un programa de conservación de la audición (PCA). Este programa no solo se limita a cumplir con una obligación legal, sino que busca asesorar al empleador en la selección técnica de protectores auditivos (considerando el método de banda de octavas para asegurar que la atenuación sea la adecuada) y en la implementación de controles de ingeniería en la fuente.

El objetivo central es monitorear la exposición mediante datos precisos que permitan tomar decisiones informadas. La resistencia cultural al uso de elementos de protección o la falta de conciencia sobre la gravedad del riesgo son barreras que solo se derriban con capacitación constante y un seguimiento médico-técnico integrado.

La prevención auditiva es una inversión en la sostenibilidad del capital humano. El ruido puede ser silencioso, pero sus efectos no deben serlo; trabajar con herramientas confiables es el único camino para garantizar ambientes de trabajo genuinamente seguros.

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